” PEQUEÑA HISTORIA DEL PARQUE LEZAMA” POR ANTONIO. J. BUCICH (1962)

A raíz de la nota aparecida la semana pasada en Clarín sobre el deplorable estado en que se encuentra el Parque Lezama, “uno de los paseos más hermosos de la capital..” al decir del historiador boquense por antonomasia Antonio . J. Bucich,  les hago llegar la primer parte de este trabajo que data de 1962 y se encuentra agotado.

PEQUEÑA HISTORIA DEL PARQUE LEZAMA , PRIMERA PARTE

Lugar de hondura histórica es, sin duda, la comarca sureña de Buenos Aires  y es en este lugar donde fue fórmandose lo que es ahora se conoce con el nombre de Parque Lezama. El sitio está ligado a los orígenes mismos de la ciudad. El debate sobre el asiento de la primera fundación, la de Pedro de Mendoza, no ha terminado aún . Documento preciso sobre el recinto donde la expedición fijó el real , no lo hay. En torno a interpretaciones ha girado la polémica que desde 1936 ha encontrado en nuevos y valiosos estudios acepciones de diverso contenido educativo.

Uno de los enfoques , y de los más atendibles, sitúa esta primera fundación en los alrededores del actual Parque Lezama. Por esta tierra anduvo el primer adelantado y si no puede afirmarse concluyentemente – con el acta o  declaración categórica al alcance- que en tal punto levantó su poblado , en cambio si puede afirmarse que ascendió y bajó por esas pendientes de la barranca que – de altura variable entre ocho y veinte metros-  se extendía abruptamente a lo largo de la orilla rioplatense. La descripción de ese paisaje de la lontananza lugareña tiene un trazo feraz, propio del tiempo de soledad y misterio en que surgió a la vista inauguiral de los conquistadores. Era por entonces el lugar enmarañado y tupido , cubierto por una vegetación salvajemente desarrollada, ajena en absoluto a todo indicio de cultivo. En esa zona ribereña la naturaleza daba el color local con el cambiante tono de las estaciones. Una flora silvestre matizaba los enroscados matorrales que obstruían las andanzas. Densos velos de enredaderas – nos atenemos a la anotaciones de Cardoso- y de cardos – los mencionaron Schmidel y Villata en sus relatos no exentos de tinetes fantasiosos- cubrían estos suelos por donde – con el transcurso de los siglos- se extenderían los cuidados senderos y los cultivados canteros del paseo.

En lo alto de la barranca emergían bosquecillos de leguminosas, espinillos y porotillos. Abundaban las especies de acacias. También se daban el burrucuyú, la zarza mora, la zarzaparrilla, que entrelazaban en caprichosas espirales. Los conquistadores advirtieron – son palabras de Aníbal Cardoso- ” a un lado las altas barrancas llenas de hermosa arboleda ostentando su lujuriante vegetación estival perfumada por la floración de esa época del año..” Y así entran los nombres que después han ido rondando en las crónicas de la primera fundación : Riachuelo de los Navíos, alto de San Pedro …

Por ahí, dirá Pedro Hernández en su carta al Rey, el capitán que dejó el adelantado  “sembró mucho maíz”.

CONTINUARA……….

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