” MISA DESAGRAVIO EN SAN IGNACIO”

El Cura Parroco de San Ignacio Pbro. Francisco Baigorria, invita a toda la comunidad y ciudadania a participar de la Santa Misa en desagravio por las profanaciones y sucesos acontecidos en el historico templo, el proximo Jueves 3 de Octubre a las 19.00 Horas.

La misa estara presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Monsenor Mario A. Poli

Estan todos invitados

Bolivar 225 – CABA- Tel: 4-331-2482

http://www.sanignaciodeloyola.org.ar

info@sanignaciodeloyola.org.ar

Adhiere y Difunde: http://www.elpuentedelaboca.com

” PRESENTACION DEL MURAL EL REGRESO DE QUINQUELA”

Mural Quinquela

El proximo Sabado 5 de Octubre se presentara el mural “El Regreso de Quinquela”
El mismo es obra del muralista Alfredo Segaton,y tiene nada menos que 1300 metros cuadrados!

La cita es a partir de las 11.30 Horas en la margen del Riachuelo, San Antonio 120 entre Lavadero y Puente Bosch.

Estan todos invitados

” PRIMERA ENTREGA DE LA ENCICLICA LUMEN FIDEI, UNA ENCICLICA A CUATRO MANOS”

Foto Oficial Francisco- J.M. Bergoglio

A partir de hoy y en cuatro entregas semanales publicaremos la carta enciclica “Lumen Fidei” sobre la fe, la cual segun el Papa Francisco, es “una enciclicica a cuatro manos”

Gracias a la Universidad Libre Abierta Federal e Iberoamericana ponemos a disposicion de nuestros lectores esta edicion especial editada con motivo del 25 Aniversario de la Orden de Maria del Rosario de San Nicolas, fundada el 25 de Septiembre de 1988.

La misma fue realizada para ser donada a los alumnos de la Academia de Formacion Politica

CARTA ENCÍCLICA LUMEN FIDEI DEL SUMO PONTÍFICE FRANCISCO
A LOS OBISPOS A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS DIÁCONOS A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS SOBRE LA FE

1. La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. « No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol »[1], decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, « cuyos rayos dan la vida »[2]. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? » (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.
¿Una luz ilusoria?
2. Sin embargo, al hablar de la fe como luz, podemos oír la objeción de muchos contemporáneos nuestros. En la época moderna se ha pensado que esa luz podía bastar para las sociedades antiguas, pero que ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una nueva forma. En este sentido, la fe se veía como una luz ilusoria, que impedía al hombre seguir la audacia del saber. El joven Nietzsche invitaba a su hermana Elisabeth a arriesgarse, a « emprender nuevos caminos… con la inseguridad de quien procede autónomamente ». Y añadía: « Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga »[3]. Con lo que creer sería lo contrario de buscar. A partir de aquí, Nietzsche critica al cristianismo por haber rebajado la existencia humana, quitando novedad y aventura a la vida. La fe sería entonces como un espejismo que nos impide avanzar como hombres libres hacia el futuro.
3. De esta manera, la fe ha acabado por ser asociada a la oscuridad. Se ha pensado poderla conservar, encontrando para ella un ámbito que le permita convivir con la luz de la razón. El espacio de la fe se crearía allí donde la luz de la razón no pudiera llegar, allí donde el hombre ya no pudiera tener certezas. La fe se ha visto así como un salto que damos en el vacío, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego; o como una luz subjetiva, capaz quizá de enardecer el corazón, de dar consuelo privado, pero que no se puede proponer a los demás como luz objetiva y común para alumbrar el camino. Poco a poco, sin embargo, se ha visto que la luz de la razón autónoma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, éste queda en la oscuridad, y deja al hombre con el miedo a lo desconocido. De este modo, el hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino. Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija.
Una luz por descubrir
4. Por tanto, es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jesús ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro « yo » aislado, hacia la más amplia comunión. Nos damos cuenta, por tanto, de que la fe no habita en la oscuridad, sino que es luz en nuestras tinieblas. Dante, en la Divina Comedia, después de haber confesado su fe ante san Pedro, la describe como una « chispa, / que se convierte en una llama cada vez más ardiente / y centellea en mí, cual estrella en el cielo »[4]. Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz.
5. El Señor, antes de su pasión, dijo a Pedro: « He pedido por ti, para que tu fe no se apague » (Lc 22,32). Y luego le pidió que confirmase a sus hermanos en esa misma fe. Consciente de la tarea confiada al Sucesor de Pedro, Benedicto XVI decidió convocar este Año de la fe, un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos. En las Actas de los mártires leemos este diálogo entre el prefecto romano Rústico y el cristiano Hierax: « ¿Dónde están tus padres? », pregunta el juez al mártir. Y éste responde: « Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en él »[5]. Para aquellos cristianos, la fe, en cuanto encuentro con el Dios vivo manifestado en Cristo, era una « madre », porque los daba a luz, engendraba en ellos la vida divina, una nueva experiencia, una visión luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio público hasta el final.
6. El Año de la fe ha comenzado en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Esta coincidencia nos permite ver que el Vaticano II ha sido un Concilio sobre la fe[6], en cuanto que nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo. Porque la Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino. El Concilio Vaticano II ha hecho que la fe brille dentro de la experiencia humana, recorriendo así los caminos del hombre contemporáneo. De este modo, se ha visto cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones.
7. Estas consideraciones sobre la fe, en línea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal[7], pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a « confirmar a sus hermanos » en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre.
En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por él, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría. Fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios. ¿Cuál es la ruta que la fe nos descubre? ¿De dónde procede su luz poderosa que permite iluminar el camino de una vida lograda y fecunda, llena de fruto?

CAPÍTULO PRIMERO
HEMOS CREÍDO EN EL AMOR
(cf. 1 Jn 4,16)
Abrahán, nuestro padre en la fe
8. La fe nos abre el camino y acompaña nuestros pasos a lo largo de la historia. Por eso, si queremos entender lo que es la fe, tenemos que narrar su recorrido, el camino de los hombres creyentes, cuyo testimonio encontramos en primer lugar en el Antiguo Testamento. En él, Abrahán, nuestro padre en la fe, ocupa un lugar destacado. En su vida sucede algo desconcertante: Dios le dirige la Palabra, se revela como un Dios que habla y lo llama por su nombre. La fe está vinculada a la escucha. Abrahán no ve a Dios, pero oye su voz. De este modo la fe adquiere un carácter personal. Aquí Dios no se manifiesta como el Dios de un lugar, ni tampoco aparece vinculado a un tiempo sagrado determinado, sino como el Dios de una persona, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, capaz de entrar en contacto con el hombre y establecer una alianza con él. La fe es la respuesta a una Palabra que interpela personalmente, a un Tú que nos llama por nuestro nombre.
9. Lo que esta Palabra comunica a Abrahán es una llamada y una promesa. En primer lugar es una llamada a salir de su tierra, una invitación a abrirse a una vida nueva, comienzo de un éxodo que lo lleva hacia un futuro inesperado. La visión que la fe da a Abrahán estará siempre vinculada a este paso adelante que tiene que dar: la fe « ve » en la medida en que camina, en que se adentra en el espacio abierto por la Palabra de Dios. Esta Palabra encierra además una promesa: tu descendencia será numerosa, serás padre de un gran pueblo (cf. Gn 13,16; 15,5; 22,17). Es verdad que, en cuanto respuesta a una Palabra que la precede, la fe de Abrahán será siempre un acto de memoria. Sin embargo, esta memoria no se queda en el pasado, sino que, siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro, memoria futuri, está estrechamente ligada con la esperanza.
10. Lo que se pide a Abrahán es que se fíe de esta Palabra. La fe entiende que la palabra, aparentemente efímera y pasajera, cuando es pronunciada por el Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable que pueda haber, en lo que hace posible que nuestro camino tenga continuidad en el tiempo. La fe acoge esta Palabra como roca firme, para construir sobre ella con sólido fundamento. Por eso, la Biblia, para hablar de la fe, usa la palabra hebrea ’emûnah, derivada del verbo ’amán, cuya raíz significa « sostener ». El término ’emûnah puede significar tanto la fidelidad de Dios como la fe del hombre. El hombre fiel recibe su fuerza confiándose en las manos de Dios. Jugando con las dos acepciones de la palabra —presentes también en los correspondientes términos griego (pistós) y latino (fidelis)—, san Cirilo de Jerusalén ensalza la dignidad del cristiano, que recibe el mismo calificativo que Dios: ambos son llamados « fieles »[8]. San Agustín lo explica así: « El hombre es fiel creyendo a Dios, que promete; Dios es fiel dando lo que promete al hombre »[9].
11. Un último aspecto de la historia de Abrahán es importante para comprender su fe. La Palabra de Dios, aunque lleva consigo novedad y sorpresa, no es en absoluto ajena a la propia experiencia del patriarca. Abrahán reconoce en esa voz que se le dirige una llamada profunda, inscrita desde siempre en su corazón. Dios asocia su promesa a aquel « lugar » en el que la existencia del hombre se manifiesta desde siempre prometedora: la paternidad, la generación de una nueva vida: « Sara te va a dar un hijo; lo llamarás Isaac » (Gn 17,19). El Dios que pide a Abrahán que se fíe totalmente de él, se revela como la fuente de la que proviene toda vida. De esta forma, la fe se pone en relación con la paternidad de Dios, de la que procede la creación: el Dios que llama a Abrahán es el Dios creador, que « llama a la existencia lo que no existe » (Rm 4,17), que « nos eligió antes de la fundación del mundo… y nos ha destinado a ser sus hijos » (Ef 1,4-5). Para Abrahán, la fe en Dios ilumina las raíces más profundas de su ser, le permite reconocer la fuente de bondad que hay en el origen de todas las cosas, y confirmar que su vida no procede de la nada o la casualidad, sino de una llamada y un amor personal. El Dios misterioso que lo ha llamado no es un Dios extraño, sino aquel que es origen de todo y que todo lo sostiene. La gran prueba de la fe de Abrahán, el sacrificio de su hijo Isaac, nos permite ver hasta qué punto este amor originario es capaz de garantizar la vida incluso después de la muerte. La Palabra que ha sido capaz de suscitar un hijo con su cuerpo « medio muerto » y « en el seno estéril » de Sara (cf. Rm 4,19), será también capaz de garantizar la promesa de un futuro más allá de toda amenaza o peligro (cf. Hb 11,19; Rm 4,21).
La fe de Israel
12. En el libro del Éxodo, la historia del pueblo de Israel sigue la estela de la fe de Abrahán. La fe nace de nuevo de un don originario: Israel se abre a la intervención de Dios, que quiere librarlo de su miseria. La fe es la llamada a un largo camino para adorar al Señor en el Sinaí y heredar la tierra prometida. El amor divino se describe con los rasgos de un padre que lleva de la mano a su hijo por el camino (cf. Dt 1,31). La confesión de fe de Israel se formula como narración de los beneficios de Dios, de su intervención para liberar y guiar al pueblo (cf. Dt 26,5-11), narración que el pueblo transmite de generación en generación. Para Israel, la luz de Dios brilla a través de la memoria de las obras realizadas por el Señor, conmemoradas y confesadas en el culto, transmitidas de padres a hijos. Aprendemos así que la luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas. La arquitectura gótica lo ha expresado muy bien: en las grandes catedrales, la luz llega del cielo a través de las vidrieras en las que está representada la historia sagrada. La luz de Dios nos llega a través de la narración de su revelación y, de este modo, puede iluminar nuestro camino en el tiempo, recordando los beneficios divinos, mostrando cómo se cumplen sus promesas.
13. Por otro lado, la historia de Israel también nos permite ver cómo el pueblo ha caído tantas veces en la tentación de la incredulidad. Aquí, lo contrario de la fe se manifiesta como idolatría. Mientras Moisés habla con Dios en el Sinaí, el pueblo no soporta el misterio del rostro oculto de Dios, no aguanta el tiempo de espera. La fe, por su propia naturaleza, requiere renunciar a la posesión inmediata que parece ofrecer la visión, es una invitación a abrirse a la fuente de la luz, respetando el misterio propio de un Rostro, que quiere revelarse personalmente y en el momento oportuno. Martin Buber citaba esta definición de idolatría del rabino de Kock: se da idolatría cuando « un rostro se dirige reverentemente a un rostro que no es un rostro »[10]. En lugar de tener fe en Dios, se prefiere adorar al ídolo, cuyo rostro se puede mirar, cuyo origen es conocido, porque lo hemos hecho nosotros. Ante el ídolo, no hay riesgo de una llamada que haga salir de las propias seguridades, porque los ídolos « tienen boca y no hablan » (Sal 115,5). Vemos entonces que el ídolo es un pretexto para ponerse a sí mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos. Perdida la orientación fundamental que da unidad a su existencia, el hombre se disgrega en la multiplicidad de sus deseos; negándose a esperar el tiempo de la promesa, se desintegra en los múltiples instantes de su historia. Por eso, la idolatría es siempre politeísta, ir sin meta alguna de un señor a otro. La idolatría no presenta un camino, sino una multitud de senderos, que no llevan a ninguna parte, y forman más bien un laberinto. Quien no quiere fiarse de Dios se ve obligado a escuchar las voces de tantos ídolos que le gritan: « Fíate de mí ». La fe, en cuanto asociada a la conversión, es lo opuesto a la idolatría; es separación de los ídolos para volver al Dios vivo, mediante un encuentro personal. Creer significa confiarse a un amor misericordioso, que siempre acoge y perdona, que sostiene y orienta la existencia, que se manifiesta poderoso en su capacidad de enderezar lo torcido de nuestra historia. La fe consiste en la disponibilidad para dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios. He aquí la paradoja: en el continuo volverse al Señor, el hombre encuentra un camino seguro, que lo libera de la dispersión a que le someten los ídolos.
14. En la fe de Israel destaca también la figura de Moisés, el mediador. El pueblo no puede ver el rostro de Dios; es Moisés quien habla con YHWH en la montaña y transmite a todos la voluntad del Señor. Con esta presencia del mediador, Israel ha aprendido a caminar unido. El acto de fe individual se inserta en una comunidad, en el « nosotros » común del pueblo que, en la fe, es como un solo hombre, « mi hijo primogénito », como llama Dios a Israel (Ex 4,22). La mediación no representa aquí un obstáculo, sino una apertura: en el encuentro con los demás, la mirada se extiende a una verdad más grande que nosotros mismos. J. J. Rousseau lamentaba no poder ver a Dios personalmente: « ¡Cuántos hombres entre Dios y yo! »[11]. « ¿Es tan simple y natural que Dios se haya dirigido a Moisés para hablar a Jean Jacques Rousseau? »[12]. Desde una concepción individualista y limitada del conocimiento, no se puede entender el sentido de la mediación, esa capacidad de participar en la visión del otro, ese saber compartido, que es el saber propio del amor. La fe es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación.
La plenitud de la fe cristiana
15. « Abrahán […] saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría » (Jn 8,56). Según estas palabras de Jesús, la fe de Abrahán estaba orientada ya a él; en cierto sentido, era una visión anticipada de su misterio. Así lo entiende san Agustín, al afirmar que los patriarcas se salvaron por la fe, pero no la fe en el Cristo ya venido, sino la fe en el Cristo que había de venir, una fe en tensión hacia el acontecimiento futuro de Jesús[13]. La fe cristiana está centrada en Cristo, es confesar que Jesús es el Señor, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos (cf. Rm 10,9). Todas las líneas del Antiguo Testamento convergen en Cristo; él es el « sí » definitivo a todas las promesas, el fundamento de nuestro « amén » último a Dios (cf. 2 Co 1,20). La historia de Jesús es la manifestación plena de la fiabilidad de Dios. Si Israel recordaba las grandes muestras de amor de Dios, que constituían el centro de su confesión y abrían la mirada de su fe, ahora la vida de Jesús se presenta como la intervención definitiva de Dios, la manifestación suprema de su amor por nosotros. La Palabra que Dios nos dirige en Jesús no es una más entre otras, sino su Palabra eterna (cf. Hb 1,1-2). No hay garantía más grande que Dios nos pueda dar para asegurarnos su amor, como recuerda san Pablo (cf. Rm 8,31-39). La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo. « Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él » (1 Jn 4,16). La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último.
16. La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por los hombres. Si dar la vida por los amigos es la demostración más grande de amor (cf. Jn 15,13), Jesús ha ofrecido la suya por todos, también por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones. Por eso, los evangelistas han situado en la hora de la cruz el momento culminante de la mirada de fe, porque en esa hora resplandece el amor divino en toda su altura y amplitud. San Juan introduce aquí su solemne testimonio cuando, junto a la Madre de Jesús, contempla al que habían atravesado (cf. Jn 19,37): « El que lo vio da testimonio, su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis » (Jn 19,35). F. M. Dostoievski, en su obra El idiota, hace decir al protagonista, el príncipe Myskin, a la vista del cuadro de Cristo muerto en el sepulcro, obra de Hans Holbein el Joven: « Un cuadro así podría incluso hacer perder la fe a alguno »[14]. En efecto, el cuadro representa con crudeza los efectos devastadores de la muerte en el cuerpo de Cristo. Y, sin embargo, precisamente en la contemplación de la muerte de Jesús, la fe se refuerza y recibe una luz resplandeciente, cuando se revela como fe en su amor indefectible por nosotros, que es capaz de llegar hasta la muerte para salvarnos. En este amor, que no se ha sustraído a la muerte para manifestar cuánto me ama, es posible creer; su totalidad vence cualquier suspicacia y nos permite confiarnos plenamente en Cristo.
17. Ahora bien, la muerte de Cristo manifiesta la total fiabilidad del amor de Dios a la luz de la resurrección. En cuanto resucitado, Cristo es testigo fiable, digno de fe (cf. Ap 1,5; Hb 2,17), apoyo sólido para nuestra fe. « Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido », dice san Pablo (1 Co 15,17). Si el amor del Padre no hubiese resucitado a Jesús de entre los muertos, si no hubiese podido devolver la vida a su cuerpo, no sería un amor plenamente fiable, capaz de iluminar también las tinieblas de la muerte. Cuando san Pablo habla de su nueva vida en Cristo, se refiere a la « fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí » (Ga 2,20). Esta « fe del Hijo de Dios » es ciertamente la fe del Apóstol de los gentiles en Jesús, pero supone la fiabilidad de Jesús, que se funda, sí, en su amor hasta la muerte, pero también en ser Hijo de Dios. Precisamente porque Jesús es el Hijo, porque está radicado de modo absoluto en el Padre, ha podido vencer a la muerte y hacer resplandecer plenamente la vida. Nuestra cultura ha perdido la percepción de esta presencia concreta de Dios, de su acción en el mundo. Pensamos que Dios sólo se encuentra más allá, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas. Pero si así fuese, si Dios fuese incapaz de intervenir en el mundo, su amor no sería verdaderamente poderoso, verdaderamente real, y no sería entonces ni siquiera verdadero amor, capaz de cumplir esa felicidad que promete. En tal caso, creer o no creer en él sería totalmente indiferente. Los cristianos, en cambio, confiesan el amor concreto y eficaz de Dios, que obra verdaderamente en la historia y determina su destino final, amor que se deja encontrar, que se ha revelado en plenitud en la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
18. La plenitud a la que Jesús lleva a la fe tiene otro aspecto decisivo. Para la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver. En muchos ámbitos de la vida confiamos en otras personas que conocen las cosas mejor que nosotros. Tenemos confianza en el arquitecto que nos construye la casa, en el farmacéutico que nos da la medicina para curarnos, en el abogado que nos defiende en el tribunal. Tenemos necesidad también de alguien que sea fiable y experto en las cosas de Dios. Jesús, su Hijo, se presenta como aquel que nos explica a Dios (cf. Jn 1,18). La vida de Cristo —su modo de conocer al Padre, de vivir totalmente en relación con él— abre un espacio nuevo a la experiencia humana, en el que podemos entrar. La importancia de la relación personal con Jesús mediante la fe queda reflejada en los diversos usos que hace san Juan del verbo credere. Junto a « creer que » es verdad lo que Jesús nos dice (cf. Jn 14,10; 20,31), san Juan usa también las locuciones « creer a » Jesús y « creer en » Jesús. « Creemos a » Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz (cf. Jn 6,30). « Creemos en » Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (cf. Jn 2,11; 6,47; 12,44).
Para que pudiésemos conocerlo, acogerlo y seguirlo, el Hijo de Dios ha asumido nuestra carne, y así su visión del Padre se ha realizado también al modo humano, mediante un camino y un recorrido temporal. La fe cristiana es fe en la encarnación del Verbo y en su resurrección en la carne; es fe en un Dios que se ha hecho tan cercano, que ha entrado en nuestra historia. La fe en el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret no nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto ama Dios a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra.
La salvación mediante la fe
19. A partir de esta participación en el modo de ver de Jesús, el apóstol Pablo nos ha dejado en sus escritos una descripción de la existencia creyente. El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una creatura nueva, recibe un nuevo ser, un ser filial que se hace hijo en el Hijo. « Abbá, Padre », es la palabra más característica de la experiencia de Jesús, que se convierte en el núcleo de la experiencia cristiana (cf. Rm 8,15). La vida en la fe, en cuanto existencia filial, consiste en reconocer el don originario y radical, que está a la base de la existencia del hombre, y puede resumirse en la frase de san Pablo a los Corintios: « ¿Tienes algo que no hayas recibido? » (1 Co 4,7). Precisamente en este punto se sitúa el corazón de la polémica de san Pablo con los fariseos, la discusión sobre la salvación mediante la fe o mediante las obras de la ley. Lo que san Pablo rechaza es la actitud de quien pretende justificarse a sí mismo ante Dios mediante sus propias obras. Éste, aunque obedezca a los mandamientos, aunque haga obras buenas, se pone a sí mismo en el centro, y no reconoce que el origen de la bondad es Dios. Quien obra así, quien quiere ser fuente de su propia justicia, ve cómo pronto se le agota y se da cuenta de que ni siquiera puede mantenerse fiel a la ley. Se cierra, aislándose del Señor y de los otros, y por eso mismo su vida se vuelve vana, sus obras estériles, como árbol lejos del agua. San Agustín lo expresa así con su lenguaje conciso y eficaz: « Ab eo qui fecit te noli deficere nec ad te », de aquel que te ha hecho, no te alejes ni siquiera para ir a ti[15]. Cuando el hombre piensa que, alejándose de Dios, se encontrará a sí mismo, su existencia fracasa (cf. Lc 15,11-24). La salvación comienza con la apertura a algo que nos precede, a un don originario que afirma la vida y protege la existencia. Sólo abriéndonos a este origen y reconociéndolo, es posible ser transformados, dejando que la salvación obre en nosotros y haga fecunda la vida, llena de buenos frutos. La salvación mediante la fe consiste en reconocer el primado del don de Dios, como bien resume san Pablo: « En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios » (Ef 2,8s).
20. La nueva lógica de la fe está centrada en Cristo. La fe en Cristo nos salva porque en él la vida se abre radicalmente a un Amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros. Así aparece con claridad en la exégesis que el Apóstol de los gentiles hace de un texto del Deuteronomio, interpretación que se inserta en la dinámica más profunda del Antiguo Testamento. Moisés dice al pueblo que el mandamiento de Dios no es demasiado alto ni está demasiado alejado del hombre. No se debe decir: « ¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá? » o « ¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá? » (cf. Dt 30,11-14). Pablo interpreta esta cercanía de la palabra de Dios como referida a la presencia de Cristo en el cristiano: « No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?”, es decir, para hacer bajar a Cristo. O “¿quién bajará al abismo?”, es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos » (Rm 10,6-7). Cristo ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre los muertos; con su encarnación y resurrección, el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del hombre y habita en nuestros corazones mediante el Espíritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano.
21. Así podemos entender la novedad que aporta la fe. El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar: « No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí » (Ga 2,20), y exhortar: « Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones » (Ef 3,17). En la fe, el « yo » del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu. Y en este Amor se recibe en cierto modo la visión propia de Jesús. Sin esta conformación en el Amor, sin la presencia del Espíritu que lo infunde en nuestros corazones (cf. Rm 5,5), es imposible confesar a Jesús como Señor (cf. 1 Co 12,3).
La forma eclesial de la fe
22. De este modo, la existencia creyente se convierte en existencia eclesial. Cuando san Pablo habla a los cristianos de Roma de que todos los creyentes forman un solo cuerpo en Cristo, les pide que no sean orgullosos, sino que se estimen « según la medida de la fe que Dios otorgó a cada cual » (Rm 12,3). El creyente aprende a verse a sí mismo a partir de la fe que profesa: la figura de Cristo es el espejo en el que descubre su propia imagen realizada. Y como Cristo abraza en sí a todos los creyentes, que forman su cuerpo, el cristiano se comprende a sí mismo dentro de este cuerpo, en relación originaria con Cristo y con los hermanos en la fe. La imagen del cuerpo no pretende reducir al creyente a una simple parte de un todo anónimo, a mera pieza de un gran engranaje, sino que subraya más bien la unión vital de Cristo con los creyentes y de todos los creyentes entre sí (cf. Rm 12,4-5). Los cristianos son « uno » (cf. Ga 3,28), sin perder su individualidad, y en el servicio a los demás cada uno alcanza hasta el fondo su propio ser. Se entiende entonces por qué fuera de este cuerpo, de esta unidad de la Iglesia en Cristo, de esta Iglesia que —según la expresión de Romano Guardini— « es la portadora histórica de la visión integral de Cristo sobre el mundo »[16], la fe pierde su « medida », ya no encuentra su equilibrio, el espacio necesario para sostenerse. La fe tiene una configuración necesariamente eclesial, se confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comunión real de los creyentes. Desde este ámbito eclesial, abre al cristiano individual a todos los hombres. La palabra de Cristo, una vez escuchada y por su propio dinamismo, en el cristiano se transforma en respuesta, y se convierte en palabra pronunciada, en confesión de fe. Como dice san Pablo: « Con el corazón se cree […], y con los labios se profesa » (Rm 10,10). La fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio. En efecto, « ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? » (Rm 10,14). La fe se hace entonces operante en el cristiano a partir del don recibido, del Amor que atrae hacia Cristo (cf. Ga 5,6), y le hace partícipe del camino de la Iglesia, peregrina en la historia hasta su cumplimiento. Quien ha sido transformado de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos.

” SE INAUGURO EL MURAL LA BOCA A CONTRALUZ”

can

Con un nuevo mural, la avenida Pedro de Mendoza, en La Boca, luce diferente. Es que quedó inaugurado “ La Boca a Contraluz“, una de las intervenciones artísticas más grandes de la Ciudad: más de cien artistas participaron del proyecto, que duró tres años.

La obra está sobre las paredes de tres edificios en la avenida Pedro de Mendoza al 1500.

frente al puente Nicolás Avellaneda. El proyecto, impulsado por Fundación X La Boca, estuvo a cargo del Grupo Contraluz Mural (Néstor Portillo, Ariel Rodríguez, José Zanni y Fernando Santillán) e involucró a más de cien artistas que utilizaron una técnica mixta inspirada en el trencadis (mosaico y fragmentos cerámicos unidos con argamasa). “La Boca a Contraluz se llevó a cabo con varios objetivos, entre ellos la puesta en valor de éste sector urbano que estaba bastante más degradado. Hicimos un plan de remodelación de fachada, de protección y mantenimiento. Participaron docentes, alumnos de las escuelas de Bellas Artes y artistas plásticos que recibieron clases e indicaciones en la Escuela de Capacitación en Oficio Pintura Mural para usar la técnica empleada”, contó Luciana Salvá, coordinadora y diseñadora del proyecto.

La obra, que tiene más de 310 metros cuadrados, retrata escenas de la vida portuaria, industrial, artística y política de La Boca.

Sobre los paredones de las oficinas de una delegación de AFIP Aduanas, el Destacamento de Bomberos Voluntario de La Boca y la Administración General de Puertos, Sudestada refleja los daños que ocasionaban las inundaciones. Otra parte, Formación de las Sociedades de Resistencia , muestra a obreros luchando por sus derechos. En Oficios y Transformación aparecen los bomberos de La Boca, portuarios y metalúrgicos trabajando con martillos. Y en Los Artistas son evocados pintores, músicos del barrio y figuras consagradas como Benito Quinquela Martin, Tita Merello, Fortunato Lacámera, Abraham Vigo y Juan de Dios Filiberto, entre otros.

“ La Boca es un barrio con mucha tradición mural, con intervenciones artísticas grandes. Y para nosotros es muy importante que “La Boca a Contraluz” esté en el entorno del Puente Transbordador, que próximamente va a volver a unir La Boca con la Isla Maciel”, celebró Salvá

Fuente: Clarin

” ANTROPOLOGA ALCIRA IMAZIO LOPEZ MASIA, SU FALLECIMIENTO”

Alcira Imazio Gomez Masia

Tardiamente nos llego la noticia del fallecimiento de la querida Alcira Imazio a quine todos recordamos con muchismo carino.

Ella era antropologa y en los ambitos boquenses era sumamente conocida por ser la nieta del primer fotografo boquense Arquimides Imazio.

Con su buena onda y alegria habituales Alcira nos deja un vacio enorme, pero a la vez la alegria de haberla podido conocer.

a continuacion difundimos un mensaje de su hijo Felipe Lima, a quien acompanamos en eta perdida para aquellas personas que la conocieron y deseen hacerle llegar sus recuerdos.

Proximamente en esta pagina le dedicaremos un merecido homenaje.

Hola a todos. Soy Felipe Lima, hijo de Alcira. Me pongo en contacto con ustedes, con quienes no he tenido otro medio para hacerlo, para comunicarles con enorme tristeza y desconsuelo que mi madre marchó para siempre el 5 de mayo. Su luz seguirá brillando siempre.
Los que quieran comunicarse conmigo pueden hacerlo a

tarrestudis@hotmail.com

Un gran abrazo.

” DELIVERY DE PIZZAS SOLIDARIAS EN BOMBEROS VOLUNTARIOS DE LA BOCA”

Autobomba Bomberos

El proximo Viernes 27 de Septiembre se hara un delivery de pizzas solidarias en la sede de Bomberos Voluntarios de La Boca con el objeto de recaudar fondos para los 16 atletas de karate que participaran en los juegos panamericanos que se llevaran a cabo del 10 al 13 de octubre en la Universidad de La Matanza.

Colabore con los atletas llamando al:

4-361-2227

http://www.bomberosdelaboca.org.ar

“Volere e Potere” “Querer es Poder”

” MISA MENSUAL EN HONOR DE SANTIAGO APOSTOL “

santiago sedente

Como cada 25 de mes en la Parroquia Santuario Nuestra Senora Madre de los Emigrantes se llevara a cabo la misa mensual en honor de Santiago Apostol organizada por la comunidad con sede en la parroquia.

Este 25 es tambien muy particular por que se recordara el 30 aniversario de la aparicion de la Virgen Maria del Rosario de San Nicolas cuyos festejos centrales se estan llevando a cabo en la localidad bonaerense de San Nicolas

Como siempre los fieles devotos compostelanos invitan a reunirse a los pies de la imagen del apostol sedente tallado en madera y desde alli seguir la Santa Misa.

El programa para hoy 25 de Septiembre consiste en:

18.30 Horas: Rezo comunitario del Santo Rosario

19.00: Misa Vespertina en honor a Santiago Apostol el Mayor

En la oración en el altar por los difuntos, pedimos por las almas de:

Blanca Nieves García Álvarez QEPD 20 ago 2010
Manuel Cordeiro Monteagudo QEPD 10 may 2012
Manuel Fernández Santamarina QEPD 14 ago 2012
Laureano Gustavo Trillo QEPD 23 nov 2012
Elba María Calvo Peña QEPD 28 ene 2013
Alcira Nélida Imazio Gómez Macia QEPD 05 may 2013
Cándida Miranda QEPD 23 may 2013
Ana Pollio QEPD 10 jun 2013
Raúl Alberto Scalese QEPD 17 sep 2013

En la oración en el altar, pedimos por la Sanación Espiritual y Física de:

Santino Rubén, 5 meses, dado de alta internación.
Francisco José, 16 años, por su sanación integral física.
Francisca Vargas, en espera prótesis para su operación.
Elena Vázquez, por curación cabeza del fémur derecho.
Juliana Dorado Canteros, 7 años, por su mejora funcional cerebral y sincronización.
Norma López, en agradecimiento por mejora salud y regreso a su casa.
Manuel Fraga, 84 años, internado, por la recuperación de su salud.
Ricardo Bello, por salud espiritual y liberación de sus pulmones.
Saturnina Felipa Sanmartín Mourón, en agradecimiento por su sanación.
Joaquín Jerónimo Castro Piñeiro, salud estable, espera lo visites para conversar.
Marta Carmen Isabel, por su salud integral.
Iris Clara Boero Gerard, por la sanación de su pierna derecha y movilidad.
Silvia Elena, por cumplirse sus deseos de concepción y maternidad.

Junto a sus familias y amigos rogamos en Comunidad, por su rápida evolución clínica médica.

Vamos por Más: Comenzamos a cantar en la Comunidad de Santiago Apóstol de Buenos Aires, la versión original del Himno de España, actualmente solo se escucha su música:

La Virgen María
es nuestra protectora,
nuestra gran Señora,
¡a nada hay que temer!

Vence al demonio,
al mundo y a la carne,
¡Guerra, guerra
contra Lucifer! La Virgen María
protege la inocencia,
con su gran clemencia
y vence al tentador.

Para que al Cielo
vayamos cantando,
¡Gloria, gloria
a Cristo redentor!

Informes y Enlaces:

Roberto Naone
4-301-8787
CeltaBaires@Argentina.com

” CONVOCATORIA DEL INSTITUTO NACIONAL BROWNIANO PARA SU CONGRESO INTERNACIONAL DE HISTORIA”

ALMTE BROWN EN APB

(pequeno y antiguo busto del Almte Brown que se encuentra en la sede del Ateneo Popular de La Boca)

Difundimos a continuacion la convocatoria del Instituto Nacional Browniano al Congreso Internacional de Historia que se llevara a cabo en Octubre de 2014, ano del Bicentenario del Almirante Brown.

Informes:

Instituto Nacional Browniano
Av. Almirante Brown 401- Tel: 4-362-1225

http://www.inb.gob.ar

El Instituto Nacional Browniano invita a participar del Congreso Internacional “Bicentenario de la Campaña Browniana en el Rio de la Plata” a desarrollarse en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires durante el mes de octubre de 2014.

En el marco del bicentenario de las acciones navales, bajo el comando del Almirante Guillermo Brown,
el Padre de la Patria en el mar, que liberaron el Atlántico Sur del poderío naval español y facilitaron la epopeya de los Andes, bajo el comando del General José de San Martín, Padre de la Patria , se realiza este gran evento académico con proyección internacional.

• EJE TEMÁTICO – FINALIDAD

Resaltar la personalidad del Almirante Brown, los hombres que lo secundaron y de paso valorar la importancia de los intereses marítimos y fluviales, en el contexto de la guerra de la independencia hispanoamericana, particularmente en el ámbito rioplatense, en el período 1810-1820. Celebrar, con motivo del Combate de Montevideo, la importancia que siempre ha tenido en nuestra historia la Armada Argentina , como guardiana permanente de los intereses nacionales en el mar y vías fluviales y como vanguardia geopolítica que prolonga la Argentina Peninsular , hacia la Antártida.

• SUBTEMAS A TENER EN CUENTA, PARA ORIENTAR LAS INVESTIGACIONES

a) Iniciación de la guerra de la independencia en el antiguo Virreinato. Creación de la incipiente escuadra independentista. Azopardo.
b) La situación geopolítica regional. Portugal y sus objetivos expansionistas – Juan VI y negociaciones con Elío – El carlotismo. Influencias de la guerra de España contra Napoleón y su influencia en América.
c) El ámbito cultural en las Provincias Unidas del Rio de la Plata (1810-1820) y particularmente en Buenos Aires. Características políticas, sociales, económicas y religiosas. Rivalidades con Montevideo.
d) El Almirante Guillermo Brown. Su trayectoria hasta 1814. Creación de la escuadra. 2º sitio de Montevideo. La armada realista y sus amenazas sobre Buenos Aires. Ocupación de Martín García y Arroyo de la China. Principales comandos realistas: Vigodet, Romarate y otros. Acciones navales y terrestres en junio de 1814. Influencia del dominio fluvial independentista después del Combate del Buceo y de la ocupación de Montevideo por Alvear.
e) Luchas internas en el bando independentista después de junio 1814. Artigas, Alvear y Brown. Guayabos.
f) Influencia de la caída de Montevideo, en junio de 1814, sobre la estrategia general realista. Expedición de Morillo a Tierra Firme. Nuevos sucesos de 1820 al fracaso de la expedición al Río de la Plata. La Sanidad Naval, particularmente en la campaña de 1814. Repercusiones del dominio del Plata en otros territorios: Chile, Alto Perú, Paraguay y Brasil.
g) El desarme naval después de 1814 y su importancia en 1825, al iniciarse la guerra con Brasil.
h) Brown y marinos argentinos en el Pacífico. Acciones corsarias previas al cruce de los Andes por San Martín.
i) Historiadores e histografía que han investigado los sucesos anteriores
j) Otros subtemas a proponer por los participantes, vinculadas al eje temático, particularmente en el ámbito naval y fluvial entre 1810 y 1820.

• NORMAS PARA LA PRESENTACIÓN DE TRABAJOS

Extensión máxima de 20 páginas (incluidos anexos), formato A4, a espacio y medio de interlineado,
4 márgenes de 2.5 cm, letra Times New Roman, cuerpo 12,

Los trabajos se encabezan con el título y autor y a continuación un resumen de no más de una carilla, que incluirá un curriculum hasta de 10 renglones. Se tratará de mencionar las mínimas citas y notas, dejando para el final una “Orientación sobre fuentes consultadas inéditas y bibliográficas”. Esta orientación para el lector, permitirá a los autores incluir breves conceptos y comentarios de las fuentes, con mención del archivo utilizado, el autor, título, editorial y fecha de la publicación.

• COMISIONES

Se formarán comisiones de trabajo en función de los temas que abarquen los trabajos.

• INSCRIPCIÓN Y FUNCIONAMIENTO

Categoría de los participantes

MIEMBROS TITULARES: Las personas previamente inscriptas que presenten trabajos. Durante las sesiones dispondrán de veinte minutos para exponer su ponencia. Pueden participar de las deliberaciones que se originen durante el tiempo que otorgue quien presida la sesión.

MIEMBROS DELEGADOS: Las personas que asisten en carácter de representantes de Instituciones, privadas u oficiales a presentar trabajos. Durante las sesiones dispondrán de veinte minutos para exponer su ponencia. Pueden participar de las deliberaciones que se originen durante el tiempo que otorgue quien presida la sesión.

MIEMBROS ADHERENTES: Las personas previamente inscriptas que no presenten trabajos. Solo tienen derecho a asistir como oyentes, sin voz en las deliberaciones, salvo concesión especial de quien presida la secesión.

Inscripción

La inscripción deberá formalizarse en el formulario que se adjunta. Pudiendo ser enviado por correo,
fax, correo electrónico a congreso2014@inb.gob.ar o personalmente en Casa Amarilla, Av. Almirante Brown 401, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con la inscripción, debe enviarse un abstract del trabajo a presentar.
A los fines de optimizar la organización se solicita se informe anticipadamente la intención de inscripción.

EL PLAZO DE INSCRIPCIÓN VENCE EL 20 DE AGOSTO DE 2014.

El mencionado formulario también se encuentra disponible en el sitio oficial http://www.inb.gob.ar/2014/inscripcion.php

Coordinaciones de detalle

La Comisión Organizadora enviará a todos los interesados el programa definitivo del Congreso dos meses antes de realizarse el mismo.
Salvo excepciones especiales, todos los gastos de traslado y alojamiento serán por cuenta de los participantes. La Comisión Organizadora procurará obtener tarifas preferenciales que oportunamente se comunicarán.

• CARACTERÍSTICAS DEL TRABAJO

Cada Miembro Titular y Delegado podrá presentar su/s trabajo/s, preparado/s individualmente
o en equipo.
Los trabajos deben ser inéditos e incluir el correspondiente aparato erudito.
La Comisión Organizadora del Congreso rechazará aquellas ponencias que no se ajusten al temario
o a los requisitos de presentación
Durante las sesiones los trabajos deben ser expuestos por los autores.

• PUBLICACIÓN DE LAS PONENCIAS

La Comisión Académica del Congreso se reserva el derecho de rechazar los trabajos que no reúnan las condiciones necesarias para ser presentados, así como publicarlos o no en una futura edición.
Los miembros titulares, en la ficha de inscripción, hacen expresa renuncia a sus derechos de autor.
Las ponencias seleccionadas serán publicadas por el Instituto Nacional Browniano dentro de los 18 meses de finalizado el Congreso. Si así no se hiciera, los autores quedan en libertad para proceder a la difusión de sus trabajos por los medios que deseen.

• EXPOSICIÓN DE LAS PONENCIAS

Las exposiciones de las ponencias contarán con un tiempo máximo de 25 minutos.
Para todas las exposiciones, la Comisión Organizadora pondrá a disposición el equipamiento informático para posibilitar su proyección audiovisual (computadora, proyector y audio).
Se dispondrá de comisiones de acuerdo a las distintas temáticas, al frente de cada una de las cuales actuará un moderador designado por la Comisión Académica , presidida por la Presidente del Instituto Nacional Browniano.
Se destinará a la discusión posterior el tiempo disponible de acuerdo a la cantidad de trabajos presentados y a juicio del moderador que administrará los tiempos y el orden de las ponencias.

” PREFACIO DE FACUNDO POR PEDRO DE POLI ESCRITO EN 1951″

Hoy publicamos por gentileza de Julio A. Boutet el prologo del libro “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento escrito por Pedro de Poli para su edicion de 1951.

Dada su vigencia e importancia es que lo ponemos al alcance de nuestros lectores

Facundo

Copia del Prefacio del Libro “Facundo” de Pedro de Paoli, año 1951:

Cada vez que la Patria vivió momentos angustiosos para su libertad, el destino eligió al héroe que, encarnando la nacionalidad, debía librar la batalla para salvarla.

En el alborear patrio fueron héroes elegidos Saavedra y Moreno; más tarde lo fueron Belgrano y Güemes; en forma decisiva y plena lo fue San Martín. Cuando la Indepen-dencia política fue un hecho y Rivadavia, con sus “hermanos” de la logia unitaria “Los Caballeros de América”, dominada por los comerciantes ingleses y bajo la inspiración de la logia masónica de Londres, intentó entregar la economía argentina al imperialismo británico, el destino eligió a Juan Facundo Quiroga, oscuro general riojano, para que encarnara la nacionalidad y salvara la independencia económica argentina.

El general Quiroga venció a Rivadavia y aventó lejos de nuestras costas el zarpazo imperialista británico. Con ello los unitarios vieron desvanecerse sus esperanzas de dominar el país y enriquecerse mediante la entrega de las riquezas naturales argentinas al domino extranjero. Jamás pudieron perdonarle al general Quiroga haber desbaratado sus sueños de dominio y enriquecimiento. De ahí que sus plumas más hábiles se ensañaran con el general Quiroga cubriendo su nombre de ignominia y su memoria de la más infame impostura.

La victoria del general Quiroga sobre Rivadavia obligó a los logistas unitarios a vivir en el exilio veintiséis años. Con las dianas de Caseros y al amparo del pabellón brasileño, volvieron al dominio de la nación. Recién entonces pudieron coronar su política de entrega de las fuentes de vida del país al imperialismo británico. Es después de Caseros que la Argentina toma perfiles de colonia británica, por la acción de los ex exilados y sus descendientes.

Desde entonces todo pasa por el dominio inglés: ferrocarriles, puertos, agua corriente, gas, luz eléctrica, bancos, finanzas, etc. En manera alguna es pura casualidad que todos los presidentes argentinos, a partir de Urquiza, fueron masones y cuyas logias tenían, y tienen, obediencia a la Gran Logia de Londres. De allá venían las órdenes que servían de inspiración política a los gobernantes argentinos. De ahí que toda nuestra política económica hasta hace un decenio, haya sido totalmente favorable al capitalismo inglés.

Pero los ex exilados que vuelven al país cobijados por el pabellón y los cañones brasileños, no logran conquistar al pueblo argentino. Siguen como antes de Caseros, siendo minoría. Es a fuerza de cepo y de bayoneta que ganan las elecciones y se mantienen en el poder. La historia es bien conocida y está escrita con sangre sacrosanta, como la del general Jerónimo Costa y la del general Angel Vicente Peñaloza, El Chacho.

Pero adueñados del poder lo conservan y se dan a la tarea de conquistar las conciencias de las jóvenes generaciones, y de justificar sus actos, dándose a si mismos un certificado de buena conducta. Ningún medio mejor para conseguirlo que escribir la historia nacional que ellos mismos oficializan. De esa historia ellos son los héroes, y sus adversarios federales, sobre todo los gauchos y los caudillos, son los bárbaros, los asesinos y los tiranos.

En esa historia nacional escrita por los unitarios no se le podía perdonar al brigadier general don Juan Facundo Quiroga haber vencido a Rivadavia y haber desbaratado sus planes entreguistas. Y desfigurando los hechos con “datos falsos puestos a designio”, según propia confesión de Sarmiento, el general Quiroga resulta un bandolero, un analfabeto, un saqueador y un bandido.

Esa historia, que por ser oficializada, es la que se enseña en las escuelas y universidades, va sembrando de generación en generación esa imagen perversa del caudillo riojano hasta llegar a ser conciencia unánime en el pueblo. Agréguese a ello que hemos vivido un siglo, contado desde Caseros, de política entreguista, de divulgación de un supuesto complejo de inferioridad de lo argentino frente a lo europeo y norteamericano, y todo ello nos da idea la idea cabal de que todo lo que fue inherente al partido federal que quería la independencia integral de lo nuestro, debía ser presentado como bárbaro y despreciable.

El mundo oficial, que no es solamente el gobierno, sino que son las escuelas, las universidades, el teatro, el cine, las academias de historia, la gran prensa siempre ligada a los intereses oficiales, etc. constituido por hombres de una misma tendencia política e ideológica y de unos mismos intereses económicos, conjurado en un mismo propósito, siguió durante cien años afirmando como verdades inconcusas las falsedades de la historia oficial escrita por los unitarios.

La historia oficial presentar el bando de Rivadavia como representante de una democracia la más envidiable. Sin embargo, tan lejos de ello está la verdad, que sus hombres, afiliados a la “Gran Logia de Buenos Aires” y a la logia “Los Caballeros de América”, estaban sujetos a un reglamento que es lo más antidemocrático que pueda darse. Dicho reglamento establecía:

Art.8º – Siempre que alguno de los hermanos sea elegido para el Supremo Gobierno, no podrá deliberar cosa alguna de grave importancia sin haber consultado el parecer de la Logia, a no ser por la urgencia del negocio demande pronta providencia, en cuyo caso, después de su resolución, dará cuenta en primera junta (tenida o sesión), o por medio de su secretario, siendo hermano, o por el de la Logia.

Art.10º- No podrá dar empleo alguno principal y de influjo en el Estado, ni en la Capital, ni fuera de ella, sin acuerd0 de la Logia, entendiéndose por tales los enviados interiores y exteriores, gobernadores de provincia, generales en jefe de los ejércitos, miembros de los tribunales de justicia superiores, primeros empleos eclesiásticos, jefes de los regimientos de milicia y otros de esta clase.

Art.2º (de las Leyes Penales) – Todo hermano que revele el secreto de la existencia de la Logia, ya sea por palabras o por señales, será reo de muerte, por los medios que se halle por conveniente.

Un partido que crea un poder, y oculto, superior al gobierno mismo, y al cual el gobierno debe someter sus resoluciones, no puede, en manera alguna hablar de democracia. Tal era, si embargo, el partido unitario del señor Rivadavia.

Sarmiento escribió su panfleto contra el general Quiroga el año 1845, cuando hacía diez años que el caudillo riojano había sido asesinado. La impostura de Sarmiento no fue lanzada contra un hombre, sino contra una tumba, lo que hace que su acción sea más despreciable. Además Sarmiento era pariente de Facundo, al extremo de que su verdadero apellido era Quiroga y no Sarmiento, y conocía la verdad sobre la vida del caudillo riojano. El sabía que el general Quiroga era un hombre de bien, que era un gran patriota y un hombre honrado. No por eso detuvo su pluma, y los “datos falsos puestos a designio fueron escritos con pulso firme, porque “todo ello ayuda a combatir al gobierno de Rosas”.

El panfleto en su tiempo, fue un fracaso al extremo de que recién se hizo una segunda edición en 1852, siete años después de la primera y cuando ya había caído Rosas. Es que aún estaban vivos los contemporáneos de Facundo quienes rechazaron, como lo hizo el doctor don Valentín Alsina, las imposturas e invenciones de Sarmiento.

Pero llegó la época de escribir una historia argentina para las generaciones venideras y al “Facundo” de Sarmiento se le dio certificación de obra histórica, y se fue enseñando en escuelas y universidades. Así se enseña aún en nuestros días.

El archivo del general Juan Facundo Quiroga, en poder de su bisnieto el doctor Jorge Demarchi, consta de más de seis mil documentos, casi todos inéditos. Allí, de los documentos reales, que son como partes vivientes de aquel hombre superior y extraordinario que fue el general Quiroga, resulta un hombre magnánimo, un corazón generoso, un militar patriota y un caballero ilustre.

Todas aquellas crueldades que pinta Sarmiento en su panfleto son desmentidas por actos de una indiscutible nobleza: ni le pega Facundo una bofetada a su amestro, ni incendia el techo de la casa de sus padres, ni mata de una puñalada a un juez en Mendoza, ni fusila prisioneros porque sí, ni azota mujeres, ni saquea, ni remata bienes robados, ni persigue lujuriosamente a Severa Villafañe.

Nadie hasta ahora ha publicado un documento siquiera que revele la existencia real de Severa Villafañe. Por primera vez se hace en este libro. Pero no hubo tal persecución a la joven por parte de Facundo, ni éste jamás atropelló conventos ni hogares por pretenderla, como lo narra Sarmiento, Bazán y otros panfletarios y novelistas y ahora por ignorancia o mala fe se fija en el cine. La carta que se publica en el apéndice de este libro, único documento real que prueba la existencia de Severa Villafañe, desmiente rotundamente esa pretendida persecución porque ninguna mujer que huye de un perseguidor escribe: “…también tuve la felicidad de recibir una carta suya la cual mantengo en mi pecho y tengo con ella algún consuelo… espero de su bondad me haga la justicia de venir, porque su presencia llenará el vacío de mi corazón”.

Facundo, como lo sostiene el historiador Vicente Fidel López, no era lujurioso; era casto y lleno de pudor. Nunca nadie pudo citar hechos lujuriosos de Facundo, ni amoríos de ninguna clase. En su testamentaria no se presentó ningún hijo natural, ni ninguna concubina a reclamar derechos. Ninguna mujer se separó de su marido por sus amores con Facundo. ¡Ojala se pudiera decir lo mismo de su denigrador Sarmiento!

Su padre le escribe cartas conmovedoras de cariño; le regala para sus dos hijos, dos estancias, en reconocimiento a la cariñosa conducta de Facundo para con él, y se despide en esta forma cariñosa: “Tu padre que de corazón te ama”.

Por su parte, Facundo es afectuoso con su padre y con toda su familia, al extremo de que cuando su padre fallece en 1821, Facundo es le albacea por designación de todos los herederos.

César Carrizo ha divulgado en su libro “Un Lancero de Facundo”, la leyenda de que el padre de Facundo falleció recién en 1831 estando separado de su esposa, debido a unos amores seniles de aquél. Todo ello no es más que una leyenda, como tantas otras absurdas y disparatadas que cuentan gentes ingenuas de LA Rioja, paisanos de Los Llanos que las repiten “por tradición”.

En su correspondencia con su esposa, Facundo es recatado y amoroso. Sus cartas comienzan con un invariable: “Mi estimada esposa”, y terminan con un “Todo tuyo”, o bien: “Recibe el corazón de tu afectísimo esposo”.

Cuando se refiere a los hijos tiene expresiones como éstas, escritas desde el Campamento de El Tala, en seguida de la famosa batalla, el 30 de setiembre de 1826: “Y dile a los chicos que reciban mi bendición”. En otra carta dice: “…que me cuides los chicos…no permitas a los niños que falten a la escuela”.

Cuando se trata de sus compañeros de armas, es de la más grande nobleza. Así escribe refiriéndose a El Chacho desde el “Campamento General de El Tala” el 30 de septiembre de 1826. “Mi estimada esposa: Si el capitán don Vicente Peñaloza falleciese de una herida que le ha tocado en suerte, tener consideración a su familia, socorrerla en cuanto puedas, que por sus méritos se los debes en justicia”.

Su fortuna está abierta para todos los necesitados, hombres humildes o de figura-ción, como el señor Julián Perdriel, el señor Fortunato Baudrix, cuñado de Dorrego, o el joven Juan Bautista Alberdi, para quien su padre adoptivo, el general don Alejandro Heredia, le pide a Facundo sufrague los gastos para que el futuro autor de “Las Bases” complete sus estudios en Francia o en Estados Unidos.

Se trata con próceres que lo distinguen con la más alta consideración, como los generales Güemes, Paz, Belgrano y el mismo San Martín.

El Padre de la Patria, el 26 de diciembre de 1823, pocos días antes de embarcarse para Europa, se preocupa de escribirle, diciéndole: “He apreciado y aprecio Vd. Por su patriotismo y buen modo de conducirse, y porque Vd. Me ha manifestado una completa deferencia a la parte que como simple particular tomé en las desavenencias de La Rioja…Yo marcho a Inglaterra con el objeto de llevar a mi hija y ponerla en un colegio; mi regreso será pronto, pero si en el interín se le ofrece algo en aquel destino, tendrá una satisfacción en servirlo su amigo y paisano: José de San Martín”.

El general Quiroga tenía sumo respeto por las instituciones republicanas y por el pueblo. Sobre lo primero contesta al Presidente de la H. Legislatura de Catamarca cuando éste lo consulta sobre qué Constitución se debe dictar para esa provincia: “…estos Códigos (la Constitución provincial) deben ser exclusivamente obra de las legislaturas, sin la más pequeña ingerencia de los hombres de mi profesión. El militar debe obedecer y defender las leyes; no dictarlas”. Sobre lo segundo le escribe a Rosas: “…yo no soy federal, soy unitario por convencimiento, pero si con la diferencia de que mi opinión es muy humilde y yo respeto demasiado la de los pueblos pronunciada constantemente por el sistema de gobierno federal…nadie duda que todo lo que se hace por la fuerza, o arrastrado de un influjo, no puede tener duración siempre que sea contra el sentimiento general de los pueblos”.

Así era el general don Juan Facundo Quiroga, a quien el gobierno de Buenos Aires declaró benemérito de la patria por sus auxilios prestados al ejército de Los Andes, según publicación de la “Gazeta de Buenos Aires”, del 31 de enero de 1818. Así era el hombre que todo lo sacrificó por el bien de la patria.

Así era el general Juan Facundo Quiroga, “Libre por propensión y por principio”. Con este mismo sentido de la libertad, porque creo que fuera de la libertad, porque creo que fuera de la libertad los pueblos podrán ser ricos y progresistas, pero nunca grandes y virtuosos, escribo este libro. Y entiendo por libertad de los pueblos, no solamente la libertad o soberanía de una nación frente a las otras naciones, sino que también y en forma fundamental, la libertad integral del ciudadano dentro de la sociedad en que vive, porque sin esta libertad la otra es ilusoria.

Con tal sentido de libertad, que ha sido norma de mi vida, y por la que he librado algunas batallas, a este libro en procura de la verdad histórica, con sacro fervor por nuestro glorioso pasado, y con el propósito de contribuir a limpiar la memoria del general Juan Facundo Quiroga de la impostura que la baja pasión política de su época lanzó sobre su nombre y su tumba.

Rosario, Octubre de 1951

Pedro de Paoli

” CAUDILLOS Y PROTAGONISTAS POLITICOS EN LA BOCA DEL RIACHUELO EN EL DIARIO LA PRENSA”

caudillos diego barovero

A continuacion reproducimos la nota aparecida en el Diario “La Prensa” el Domingo 22 de Septiembre pasado firmada por Pablo S. Otero “Historia de Pago Chico” a raiz de la presentacion del nuevo libro de Diego Barovero “Caudillos y Protaginistas Politicos en La Boca del Riachuelo” editado por Dunken.

“El barrio de La Boca, desde sus orígenes allá por 1870 cuando le fue reconocida su autonomía jurisdiccional y sus límites, supo tener una agitada actividad cívica y política.

Un breve recorrido por sus diferentes caudillos y protagonistas es el que realiza esta breve investigación que logra rescatar parte de la historia de uno de los barrios más característicos y particulares de Buenos Aires y que se ha transformado, con el tiempo,en un sitio turístico ineludible.

‘‘Estas páginas son tan sólo un ensayo preliminar surgido de la inquietud por seguir buceando en las profundidades de la pequeña historia política boquense, la política de pago chico que ha tenido una vasta incidencia en la vida política general tanto de la gran ciudad capital como del país todo’’, asegura su autor.

Desfilan, entonces, por estas páginas,la participación de la populosa barriada ribereña en las diferentes contiendas políticas de fines del siglo XIX, como las revoluciones de 1874, 1880 y la de 1890 originada por el desgobierno de la administración del
presidente Juárez Celman.

Durante esta última revolución, se destaca la figura del caudillo radical, Rufino Pastor, un consecuente y leal seguidor de Leandro Alem, quien mantuvo también una estrecha relación con el barrio.

No puede faltar la figura de Alfredo Palacios, el primer diputado socialista electo de toda América, quien
nació en La Boca el 10 de agosto de 1880 y murió en 1965 en la absoluta pobreza. Se destacan también, entre otros personajes, Antonio Zolezzi, comerciante, político y presidente de
River Plate; Tomás Le Breton, fundador de instituciones boquenses,
diputado y senador nacional y amigo de Marcelo T. de Alvear; Antonio
Zaccagnini, considerado como el primer legislador obrero socialista en la historia argentina y Leónidas Anastasi, un jurista destacado.