” PREFACIO DE FACUNDO POR PEDRO DE POLI ESCRITO EN 1951″

Hoy publicamos por gentileza de Julio A. Boutet el prologo del libro “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento escrito por Pedro de Poli para su edicion de 1951.

Dada su vigencia e importancia es que lo ponemos al alcance de nuestros lectores

Facundo

Copia del Prefacio del Libro “Facundo” de Pedro de Paoli, año 1951:

Cada vez que la Patria vivió momentos angustiosos para su libertad, el destino eligió al héroe que, encarnando la nacionalidad, debía librar la batalla para salvarla.

En el alborear patrio fueron héroes elegidos Saavedra y Moreno; más tarde lo fueron Belgrano y Güemes; en forma decisiva y plena lo fue San Martín. Cuando la Indepen-dencia política fue un hecho y Rivadavia, con sus “hermanos” de la logia unitaria “Los Caballeros de América”, dominada por los comerciantes ingleses y bajo la inspiración de la logia masónica de Londres, intentó entregar la economía argentina al imperialismo británico, el destino eligió a Juan Facundo Quiroga, oscuro general riojano, para que encarnara la nacionalidad y salvara la independencia económica argentina.

El general Quiroga venció a Rivadavia y aventó lejos de nuestras costas el zarpazo imperialista británico. Con ello los unitarios vieron desvanecerse sus esperanzas de dominar el país y enriquecerse mediante la entrega de las riquezas naturales argentinas al domino extranjero. Jamás pudieron perdonarle al general Quiroga haber desbaratado sus sueños de dominio y enriquecimiento. De ahí que sus plumas más hábiles se ensañaran con el general Quiroga cubriendo su nombre de ignominia y su memoria de la más infame impostura.

La victoria del general Quiroga sobre Rivadavia obligó a los logistas unitarios a vivir en el exilio veintiséis años. Con las dianas de Caseros y al amparo del pabellón brasileño, volvieron al dominio de la nación. Recién entonces pudieron coronar su política de entrega de las fuentes de vida del país al imperialismo británico. Es después de Caseros que la Argentina toma perfiles de colonia británica, por la acción de los ex exilados y sus descendientes.

Desde entonces todo pasa por el dominio inglés: ferrocarriles, puertos, agua corriente, gas, luz eléctrica, bancos, finanzas, etc. En manera alguna es pura casualidad que todos los presidentes argentinos, a partir de Urquiza, fueron masones y cuyas logias tenían, y tienen, obediencia a la Gran Logia de Londres. De allá venían las órdenes que servían de inspiración política a los gobernantes argentinos. De ahí que toda nuestra política económica hasta hace un decenio, haya sido totalmente favorable al capitalismo inglés.

Pero los ex exilados que vuelven al país cobijados por el pabellón y los cañones brasileños, no logran conquistar al pueblo argentino. Siguen como antes de Caseros, siendo minoría. Es a fuerza de cepo y de bayoneta que ganan las elecciones y se mantienen en el poder. La historia es bien conocida y está escrita con sangre sacrosanta, como la del general Jerónimo Costa y la del general Angel Vicente Peñaloza, El Chacho.

Pero adueñados del poder lo conservan y se dan a la tarea de conquistar las conciencias de las jóvenes generaciones, y de justificar sus actos, dándose a si mismos un certificado de buena conducta. Ningún medio mejor para conseguirlo que escribir la historia nacional que ellos mismos oficializan. De esa historia ellos son los héroes, y sus adversarios federales, sobre todo los gauchos y los caudillos, son los bárbaros, los asesinos y los tiranos.

En esa historia nacional escrita por los unitarios no se le podía perdonar al brigadier general don Juan Facundo Quiroga haber vencido a Rivadavia y haber desbaratado sus planes entreguistas. Y desfigurando los hechos con “datos falsos puestos a designio”, según propia confesión de Sarmiento, el general Quiroga resulta un bandolero, un analfabeto, un saqueador y un bandido.

Esa historia, que por ser oficializada, es la que se enseña en las escuelas y universidades, va sembrando de generación en generación esa imagen perversa del caudillo riojano hasta llegar a ser conciencia unánime en el pueblo. Agréguese a ello que hemos vivido un siglo, contado desde Caseros, de política entreguista, de divulgación de un supuesto complejo de inferioridad de lo argentino frente a lo europeo y norteamericano, y todo ello nos da idea la idea cabal de que todo lo que fue inherente al partido federal que quería la independencia integral de lo nuestro, debía ser presentado como bárbaro y despreciable.

El mundo oficial, que no es solamente el gobierno, sino que son las escuelas, las universidades, el teatro, el cine, las academias de historia, la gran prensa siempre ligada a los intereses oficiales, etc. constituido por hombres de una misma tendencia política e ideológica y de unos mismos intereses económicos, conjurado en un mismo propósito, siguió durante cien años afirmando como verdades inconcusas las falsedades de la historia oficial escrita por los unitarios.

La historia oficial presentar el bando de Rivadavia como representante de una democracia la más envidiable. Sin embargo, tan lejos de ello está la verdad, que sus hombres, afiliados a la “Gran Logia de Buenos Aires” y a la logia “Los Caballeros de América”, estaban sujetos a un reglamento que es lo más antidemocrático que pueda darse. Dicho reglamento establecía:

Art.8º – Siempre que alguno de los hermanos sea elegido para el Supremo Gobierno, no podrá deliberar cosa alguna de grave importancia sin haber consultado el parecer de la Logia, a no ser por la urgencia del negocio demande pronta providencia, en cuyo caso, después de su resolución, dará cuenta en primera junta (tenida o sesión), o por medio de su secretario, siendo hermano, o por el de la Logia.

Art.10º- No podrá dar empleo alguno principal y de influjo en el Estado, ni en la Capital, ni fuera de ella, sin acuerd0 de la Logia, entendiéndose por tales los enviados interiores y exteriores, gobernadores de provincia, generales en jefe de los ejércitos, miembros de los tribunales de justicia superiores, primeros empleos eclesiásticos, jefes de los regimientos de milicia y otros de esta clase.

Art.2º (de las Leyes Penales) – Todo hermano que revele el secreto de la existencia de la Logia, ya sea por palabras o por señales, será reo de muerte, por los medios que se halle por conveniente.

Un partido que crea un poder, y oculto, superior al gobierno mismo, y al cual el gobierno debe someter sus resoluciones, no puede, en manera alguna hablar de democracia. Tal era, si embargo, el partido unitario del señor Rivadavia.

Sarmiento escribió su panfleto contra el general Quiroga el año 1845, cuando hacía diez años que el caudillo riojano había sido asesinado. La impostura de Sarmiento no fue lanzada contra un hombre, sino contra una tumba, lo que hace que su acción sea más despreciable. Además Sarmiento era pariente de Facundo, al extremo de que su verdadero apellido era Quiroga y no Sarmiento, y conocía la verdad sobre la vida del caudillo riojano. El sabía que el general Quiroga era un hombre de bien, que era un gran patriota y un hombre honrado. No por eso detuvo su pluma, y los “datos falsos puestos a designio fueron escritos con pulso firme, porque “todo ello ayuda a combatir al gobierno de Rosas”.

El panfleto en su tiempo, fue un fracaso al extremo de que recién se hizo una segunda edición en 1852, siete años después de la primera y cuando ya había caído Rosas. Es que aún estaban vivos los contemporáneos de Facundo quienes rechazaron, como lo hizo el doctor don Valentín Alsina, las imposturas e invenciones de Sarmiento.

Pero llegó la época de escribir una historia argentina para las generaciones venideras y al “Facundo” de Sarmiento se le dio certificación de obra histórica, y se fue enseñando en escuelas y universidades. Así se enseña aún en nuestros días.

El archivo del general Juan Facundo Quiroga, en poder de su bisnieto el doctor Jorge Demarchi, consta de más de seis mil documentos, casi todos inéditos. Allí, de los documentos reales, que son como partes vivientes de aquel hombre superior y extraordinario que fue el general Quiroga, resulta un hombre magnánimo, un corazón generoso, un militar patriota y un caballero ilustre.

Todas aquellas crueldades que pinta Sarmiento en su panfleto son desmentidas por actos de una indiscutible nobleza: ni le pega Facundo una bofetada a su amestro, ni incendia el techo de la casa de sus padres, ni mata de una puñalada a un juez en Mendoza, ni fusila prisioneros porque sí, ni azota mujeres, ni saquea, ni remata bienes robados, ni persigue lujuriosamente a Severa Villafañe.

Nadie hasta ahora ha publicado un documento siquiera que revele la existencia real de Severa Villafañe. Por primera vez se hace en este libro. Pero no hubo tal persecución a la joven por parte de Facundo, ni éste jamás atropelló conventos ni hogares por pretenderla, como lo narra Sarmiento, Bazán y otros panfletarios y novelistas y ahora por ignorancia o mala fe se fija en el cine. La carta que se publica en el apéndice de este libro, único documento real que prueba la existencia de Severa Villafañe, desmiente rotundamente esa pretendida persecución porque ninguna mujer que huye de un perseguidor escribe: “…también tuve la felicidad de recibir una carta suya la cual mantengo en mi pecho y tengo con ella algún consuelo… espero de su bondad me haga la justicia de venir, porque su presencia llenará el vacío de mi corazón”.

Facundo, como lo sostiene el historiador Vicente Fidel López, no era lujurioso; era casto y lleno de pudor. Nunca nadie pudo citar hechos lujuriosos de Facundo, ni amoríos de ninguna clase. En su testamentaria no se presentó ningún hijo natural, ni ninguna concubina a reclamar derechos. Ninguna mujer se separó de su marido por sus amores con Facundo. ¡Ojala se pudiera decir lo mismo de su denigrador Sarmiento!

Su padre le escribe cartas conmovedoras de cariño; le regala para sus dos hijos, dos estancias, en reconocimiento a la cariñosa conducta de Facundo para con él, y se despide en esta forma cariñosa: “Tu padre que de corazón te ama”.

Por su parte, Facundo es afectuoso con su padre y con toda su familia, al extremo de que cuando su padre fallece en 1821, Facundo es le albacea por designación de todos los herederos.

César Carrizo ha divulgado en su libro “Un Lancero de Facundo”, la leyenda de que el padre de Facundo falleció recién en 1831 estando separado de su esposa, debido a unos amores seniles de aquél. Todo ello no es más que una leyenda, como tantas otras absurdas y disparatadas que cuentan gentes ingenuas de LA Rioja, paisanos de Los Llanos que las repiten “por tradición”.

En su correspondencia con su esposa, Facundo es recatado y amoroso. Sus cartas comienzan con un invariable: “Mi estimada esposa”, y terminan con un “Todo tuyo”, o bien: “Recibe el corazón de tu afectísimo esposo”.

Cuando se refiere a los hijos tiene expresiones como éstas, escritas desde el Campamento de El Tala, en seguida de la famosa batalla, el 30 de setiembre de 1826: “Y dile a los chicos que reciban mi bendición”. En otra carta dice: “…que me cuides los chicos…no permitas a los niños que falten a la escuela”.

Cuando se trata de sus compañeros de armas, es de la más grande nobleza. Así escribe refiriéndose a El Chacho desde el “Campamento General de El Tala” el 30 de septiembre de 1826. “Mi estimada esposa: Si el capitán don Vicente Peñaloza falleciese de una herida que le ha tocado en suerte, tener consideración a su familia, socorrerla en cuanto puedas, que por sus méritos se los debes en justicia”.

Su fortuna está abierta para todos los necesitados, hombres humildes o de figura-ción, como el señor Julián Perdriel, el señor Fortunato Baudrix, cuñado de Dorrego, o el joven Juan Bautista Alberdi, para quien su padre adoptivo, el general don Alejandro Heredia, le pide a Facundo sufrague los gastos para que el futuro autor de “Las Bases” complete sus estudios en Francia o en Estados Unidos.

Se trata con próceres que lo distinguen con la más alta consideración, como los generales Güemes, Paz, Belgrano y el mismo San Martín.

El Padre de la Patria, el 26 de diciembre de 1823, pocos días antes de embarcarse para Europa, se preocupa de escribirle, diciéndole: “He apreciado y aprecio Vd. Por su patriotismo y buen modo de conducirse, y porque Vd. Me ha manifestado una completa deferencia a la parte que como simple particular tomé en las desavenencias de La Rioja…Yo marcho a Inglaterra con el objeto de llevar a mi hija y ponerla en un colegio; mi regreso será pronto, pero si en el interín se le ofrece algo en aquel destino, tendrá una satisfacción en servirlo su amigo y paisano: José de San Martín”.

El general Quiroga tenía sumo respeto por las instituciones republicanas y por el pueblo. Sobre lo primero contesta al Presidente de la H. Legislatura de Catamarca cuando éste lo consulta sobre qué Constitución se debe dictar para esa provincia: “…estos Códigos (la Constitución provincial) deben ser exclusivamente obra de las legislaturas, sin la más pequeña ingerencia de los hombres de mi profesión. El militar debe obedecer y defender las leyes; no dictarlas”. Sobre lo segundo le escribe a Rosas: “…yo no soy federal, soy unitario por convencimiento, pero si con la diferencia de que mi opinión es muy humilde y yo respeto demasiado la de los pueblos pronunciada constantemente por el sistema de gobierno federal…nadie duda que todo lo que se hace por la fuerza, o arrastrado de un influjo, no puede tener duración siempre que sea contra el sentimiento general de los pueblos”.

Así era el general don Juan Facundo Quiroga, a quien el gobierno de Buenos Aires declaró benemérito de la patria por sus auxilios prestados al ejército de Los Andes, según publicación de la “Gazeta de Buenos Aires”, del 31 de enero de 1818. Así era el hombre que todo lo sacrificó por el bien de la patria.

Así era el general Juan Facundo Quiroga, “Libre por propensión y por principio”. Con este mismo sentido de la libertad, porque creo que fuera de la libertad, porque creo que fuera de la libertad los pueblos podrán ser ricos y progresistas, pero nunca grandes y virtuosos, escribo este libro. Y entiendo por libertad de los pueblos, no solamente la libertad o soberanía de una nación frente a las otras naciones, sino que también y en forma fundamental, la libertad integral del ciudadano dentro de la sociedad en que vive, porque sin esta libertad la otra es ilusoria.

Con tal sentido de libertad, que ha sido norma de mi vida, y por la que he librado algunas batallas, a este libro en procura de la verdad histórica, con sacro fervor por nuestro glorioso pasado, y con el propósito de contribuir a limpiar la memoria del general Juan Facundo Quiroga de la impostura que la baja pasión política de su época lanzó sobre su nombre y su tumba.

Rosario, Octubre de 1951

Pedro de Paoli

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