” PEQUENA HISTORIA DEL PARQUE LEZAMA 3 PARTE”

A pedido de una lectora, y con el compromiso asumido de difundir el pensamiento y la historia de La Boca y su pueblo, volvemos a publicar ” Pequena Historia del Parque Lezama ” de Don. Antonio.J.Bucich.

Creo firmemente que no se quiere lo que no se conoce, lo que no se siente como propio, hoy este lugar, del cual el historiador dijera “es uno de los paseos mas hermosos de la capital” es victima del vandalismo, el abandono y la ocupacion a mansalva del espacio publico, privando de esta manera  a vecinos y ciudadanos de este verdadero pulmon verde del sur de la ciudad.

Ojala que este humilde aporte ayude, a que quienes no conocen la historia de este parque, lo hagan suyo. Desde aqui me comprometo a seguir con esta publicacion en nuevas entregas, la misma data de 1962.

” No lejos estaba el riachuelo, reparo y remanso de las embarcaciones. El panorama recogia el policromo ambiente de matices vegetales, y desde la altura de la barranca, llena de matorrales, se veian sauces y pajonales, ceibos y sarandies negros. En las superficies acuaticas flotaban los camalotes. Al borde de las  lagunas juncos y espadanas mecian sus endebles fibras. Paul Groussac reconstruye ese paisaje de la orilla. ” A trechos no lejos de la costa, – escribe- los bosquecillos de talas  y espinos alzaban sus ramas de mnudo follaje sobre los matorrales vecinos, y aqui y alla, algun anoso algarrobo, centinela perdido de la selva interior , retorcia al viento de desierto su tronco obscuro de requebrada corteza”

Rondaban por esos lugares pumas y aguaretes y en las lagunas chapoteaban los sapos, las ranas y las culebras, mientras las ciguenas con sus largos picos iban a la pesca de toda clase de insectos. Las hormigas eran ya entonces una plaga voraz. Teros, perdices, chajas, rondaban por la llanura. Toda clase de sabandijas y alimanas trazaban ese en los pastos o en las ralas extensiones del suelo ribereno.

Tales la flora y fauna que poblaban los terrenos que conocemos ahora como Parque Lezama y sus adyacencias, comprendidos en aquella epoca lejana – a poco de la segunda fundacion-  en la ‘suerte” del capitan Alonso de Vera y que en el desfile de los planos figuraran despues en el perimetro de las propiedades de Dona Maria Basurco

Se pierden los rastros en la trasmision de bienes de esa epoca, hecha generalmente sin una asignacion muy estimativa de los valores inmobiliarios, sobre todo de los ubicados al margen del trozo urbano. Con los siglos, paralelamente, la cartografia deja constancias de los rumbos de las tierras y de las aguas, sobre los pergaminos. En el porimer plano de Gianini – Eustaquio Gianini, un ingeniero italiano- de 1805, se observa el trazado de un camino que viene desde el Fuerte y a la altura de la punta de Dona Catalina, frente a la barranca de Lezama, tuerce hacia el oeste hasta alcanzar el oratorio de Santa Lucia, desde donde se prolongaba al sur. Por alli se hallaba el Almacen de Polvora y el Cuerpo de Guardia.

Este punto, – Dona Catalina de otrora, despues esquina arterial de la comarca-, es de confluencia y desviacion

En el siglo XIX los contornos y los nombres se tornan mas definidos. Ya no es el ambito abierto que se pierde en las confusas mesuras de antano. No se olvide que La Pampa – el ombu era su indicio- estaba cerca entonces.   Andando unos pasos se la hallaba con su soledad, alternada apenas por la pulperia, hito embrionario, rastro de incipiente sociabilidad, soplo humano, anunciado en el penacho humeante de las fogatas. Buenos Aires era apenas una aldea grande en los siglos primeros de su existencia. solo en los cominzos de mil ochocientos adquiere – tras ser subrayada urbanisticamente por el progresista espiritu del Virrey Vertiz- mas consistencia de ciudad. En 1810 hay en ella unos cincuenta mil habitantes. En el bajo sobre el Riachuelo, apenas, en el suelo anegadizo, silgadores y pulperos desperdigados en el paisaje que descubriria para el arte – iniciador de los andariegos del caballete y del pincel- Carlos Enrique Pellegrini. Enla barranca, el borde del concierto humano mas homogeneo. Esteban Echeverria, un dia, veria desde la altura de la barranca un lugar de lacustres rasgos

En 1812 – han quedado atras sucesos de extraordinaria trascendencia, las invasiones inglesas, la Revolucion de Mayo- tenia alli su quinta Don Manuel Gallegos”…………….

Continuara muy pronto

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s